Saber agradecer

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Hay ocasiones en las que es imprescindible testimoniar de forma contundente, enérgica e inequívoca sentimientos o principios. Quizá, mi enésima vuelta al blog sea una de ellas.

Creo sinceramente que se nos ha olvidado agradecer. Nos creemos en el derecho de recibir los favores de los demás, el esfuerzo de los demás o los sacrificios de los demás sin dar nada a cambio.

Lo que sucede – y es motivo de admiración por mi parte- es que algunas personas son muy  buenas, que están estupendamente educadas  y que tienen una capacidad de aguante digna de encomio. Para eso no vale cualquiera.

“Cópiame esto y me lo pasas en un pendraif o retócame esta foto que se me ven las arrugas o imprímeme en color este trabajito para Mari Pili, que tú tienes mucha mano en estas cosas.”

Y una vez y otra. Y traga y traga y vuelve a tragar. Y es que parece que dándole a F10 se hacen las cosas solas, que no hay que dedicar tiempo a los encarguitos de los demás, que tu día tiene mucha más horas que las de los otros y que no tienes nada mejor que hacer. O ven a colgarme este cuadro “porfi” que  mi marido es un inútil y lo del taladro no se le da.

Hay cosas que no se deben pedir porque estás obligando a los demás a hacértelas y eso no está bien. La buena disposición es importante, el ayudar a quien no sabe también pero uno espera un algo más, un algo diferente de un simple gracias. No me refiero a nada material. Me refiero al agradecimiento sincero; a ese que enseguida percibes como auténtico y sentido.

De eso cada vez hay menos. ¡Por desgracia!

El día 1 de noviembre, La Gran Salamandra sufrió una mutación irreversible en su genoma. Murió la antigua salamandra dando paso a otra más optimista, quizá más resignada pero más consecuente.

¿Por qué? Porque no merece la pena amargarse constantemente, porque algunos de los que nos rodean se van para siempre y nos dejan con esas sensación de que podíamos haber sido nosotros. Con la tristeza por la pérdida y con el estupor de que se nos está acabando el tiempo y llevamos media vida cabreados.Ya sé que estamos rodeados de idiotas, muchos de los cuales ostentan cargos de los que se aprovechan y a los que nos será casi imposible desenmascarar.

Ya sé que el corazón de muchas personas está literalmente lleno de mierda y que por eso estamos desquiciados (“La verdad sobre el caso de Harry Quebert” de Joël Dicker) Ya sé lo de que el hombre vive en sociedad y que aunque esté llena de desigualdades es el menor de los males.

Sé todas esas cosas y muchas otras que harían vomitar a cualquier persona bien nacida. Pero también sé que hay gente maravillosa.

Se nos plantea el dilema de tragar con la injusticia, con la desigualdad, de vivir permanentemente encabronados, de enfadarnos a la mínima porque la carga que llevamos nos resulta insoportable o por el contrario, hacer la vida más “vivible”, a los demás y a nosotros mismos. ¿Quién dijo que vivir fuera fácil?

¿Renuncia? No. Pragmatismo. Que nadie confunda la tolerancia con la pusilanimidad. Tragar sí pero que nadie lo olvide; no vale todo.

Acertada o desacertadamente esa ha sido mi decisión y trataré de llevarla a cabo de  la mejor forma que pueda y sepa.

 

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Hace unas semanas leía una maravillosa obra de Vargas Llosa titulada  “El héroe discreto”. En ella, un padre extremadamente pobre, en su lecho de muerte en un Hospital de la Beneficencia, postrado en un viejo somier sin siquiera un jergón, transmite a su hijo lo que para éste sería siempre  su faro y guía a lo lago de toda su vida. Le decía: “Nunca te dejes pisoterar, hijito” Realmente me impactó.

Es un excelente recomendación. Expresado de una forma mucho más burda podría decirse que uno puede bajarse los pantalones hasta las rodillas pero  no hasta los tobillos.

Nadie les ha concedido el derecho de humillarnos. Pueden tratar de engañarnos, de someternos, de socavar nuestra autoestima, de aprovecharse de nosotros, de nuestros sentimientos, de estafarnos, de robarnos pero no nos pisotearán. ¿Quiénes? Cada uno tiene los suyos o las suyas. Cada uno sabe. Cada uno con sus cadaunadas.

Por lo que a mí se refiere he decidido tragar un poquito y ver las cosas buenas que de vez en cuando le suceden a uno. A ver si consigo digerir todo esto. Y pronto.

Es tiempo de agradecer. Es tiempo de vivir.

Hoy no voy a dar las gracias públicamente por  todo lo que les debo ni a mi madre, ni a mis hermanos, ni a mis familiares, amigos o compañeros. La afectividad, en muchos casos, debe permanecer en la esfera de lo personal.  Demasiado se airean en las redes sociales, situaciones que deberían permanecer en la mas estricta intimidad.

¿Entonces, a quién voy a agradecer y por qué?

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En primer lugar a la vida por dejarme vivirla que no es poco  – aunque podría haberme privado de la jodienda de la gota; eso no hubiera estado nada mal- sobre todo, viendo que muchos de los que iniciaron la andadura con nosotros ya no están. ¿De qué quejarse por tanto? Pues sí, joder, yo, de esta maldita gota que me martiriza y no me deja en paz. Que quejarse es humano. ¡Cómo duele!

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Y como obras son amores (y no buenas razones) que diría el refranero castellano, quiero agradecer a Medicus Mundi, no ya por su magnífica labor a lo largo de todo el planeta sino especialmente por la oportunidad que me han dado de sentirme útil en el intento de mitigar un poquito la desgracia ajena; no como yo hubiera querido o me hubiera gustado – aunque me consta que me habría resultado casi imposible – pero sí, colaborar de la mejor manera que he podido en los últimos sucesos catastróficos a nivel internacional que hemos vivido en los últimos meses.

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Finalmente por hoy, quiero agradecer la confianza de mis pacientes y el privilegio que supone para mí poder ayudar de vez en cuando a alguien. Cuantos más años llevo ejerciendo, más claro tengo que los médicos no somos tan determinantes. Salvamos algunas vidas pero perdemos muchas otras y sabemos bastante menos de lo que aparentamos.

Por eso, contar con personas que a pesar de ello depositan su vida en nuestras manos, que confían en nosotros de forma inquebrantable, es un auténtico privilegio reservado a unos pocos.

A todos ellos, gracias.

Confío en disponer de tiempo e imaginación para dar contenido a este blog. Me gratifica mucho hacerlo. Se trataba de empezar y qué mejor manera de hacerlo que dando las gracias. ¿No os parece? Pues eso.

JM

La Gran Salamandra

Salamandra morada sin fondo

2 comentarios en “Saber agradecer”

  1. À mon tour maintenant de vous remercier pour ces 19 longues années au cours desquelles vous m’avez aimablement reçue dans votre consultation, avec l’humour qui vous caractérise et qui met immédiatement à l’aise les femmes dont vous vous occupez. J’imagine que vous n’avez pas toujours envie d’écouter nos petits bobos, et pourtant vous le faîtes patiemment. Il y a 18 ans et demie, j’ai trébuché dans la rue, enceinte jusqu’aux yeux, et vous avez dû procéder à une césarienne d’urgence. Et mon adorable fille Noémie est venue au monde ! Je suis restée une semaine à la clinique, vous, vous êtes parti à Barcelone vous exercer à de nouvelles opérations… sur des porcs !!!! C’est ce que m’a dit la sage-femme ! Le docteur Velasco vous a remplacé, avec beaucoup de bonté et de douceur.
    Ce matin vous m’avez de nouveau reçue, les années ont passé, plus de bébé à l’horizon, plutôt l’ombre de la future ménopause ! Une nouvelle aventure m’attend ! Mais vous serez là pour m’accompagner, n’est-ce pas ?

    MERCI !

    Marie-Hélène Lopez

    P.S. : j’aurais voulu inclure une photo de Soustons dont nous avons parlé ce matin, mais je n’y arrive pas !

    P.S. 2 : escribo en francés para que pueda practicar un poco !!!

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