¡Como una cabra!

Uno cree haberlo visto todo en cuanto a cosas raras y comportamientos extravagantes.

Pues no. Esta maravillosa vida me asombra mucho más a menudo de lo que espero sorprendiéndome con hechos insólitos que alegran mis días. Ayer en concreto vi a una paciente que puso un toque de cordialidad en mi atribulada jornada. Vereis …

Esta paciente, muy simpática ella por cierto y con un sorprendentes sentido del humor está muy preocupada por los análisis que hemos de hacerle durante el embarazo. Su problema, en contra de lo que parece, no estriba en el habitual miedo (o fobia) a las agujas. ¡No señor! No tiene miedo a que le practiquemos la extracción en las manos, piernas o incluso en la yugular pero su auténtico pavor -que hasta la ha obligado a decenas de sesiones de psicoterapia- es a estirar los antebrazos. Refiere la futura mami que la flexura del codo le parece una zona muy sucia (ella lo ve así) y que no está dispuesta a mostrarla.

No se deja tocar por nadie. Su esposo – muy paciente y pausado él- me miraba con cara de … “es así, qué le vamos a hacer, otras cosas buenas tiene”. Pues, queridos amigos, a él tampoco le deja tocarle la flexura del codo ; con lo sensual que es oye …

Pero ¿qué es una fobia?

Las fobias son un trastorno psicológico que tiene una amplia incidencia en la población mundial. Una de cada veinte personas, aproximadamente, padece una fobia de uno u otro tipo. El manual de diagnostico de los trastornos mentales (DSM-IV) las define como un “temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”. Una persona fóbica siente un miedo exagerado y sin sustento real ante determinadas situaciones u objetos, y en ocasiones esto puede incluso provocarle malestar físico: temblores incontrolables, mareos, sudoración excesiva, palpitaciones, etc. En los casos más extremos, pueden llegar a producirse ataques de pánico.

Hay que joderse … porque le toquen a uno la flexura del codito la que se puede liar.

Revisando el tema, he podido comprobar que la frase del refranero popular: “Cada loco, con su tema” tiene mucho más fundamento del que aparentemente podría parecer.

A continuación os refiero unas cuantas fobias realmente sorprendentes que he podido encontrar por ahí. Como bien sabéis, lo contrario de las fobias son las filias. Es sorprendente que algunas de las circunstancias que cito a continuación sean verosímiles pero es así. Son reales, aunque ya me apuntaba yo a alguna de las fobias pero al revés. ¿No os parece?

Ahí van unas cuantas

  1. Allodoxafobia Miedo a las opiniones de los demás
  2. Apeirofobia Miedo al infinito
  3. Araquibutirofobia Miedo a las cáscaras de los cacahuetes
  4. Autofobia Miedo a uno mismo
  5. Bogifobia Miedo al hombre del saco, el monstruo del armario…
  6. Cacofobia Miedo a la gente fea o a la fealdad de uno mismo
  7. Caliginefobia Miedo a las chicas guapas
  8. Catisofobia Miedo a sentarse
  9. Chamainofobia Miedo a Halloween
  10. Cipridofobia Miedo a las prostitutas
  11. Colpofobia Miedo a los genitales
  12. Consecotaleofobia Miedo a los palillos chinos
  13. Cromatofobia Miedo a los colores
  14. Crometofobia Miedo al dinero
  15. Dextrofobia Miedo a los objetos a la derecha del cuerpo
  16. Dutchfobia Miedo a alemanes y holandeses
  17. Eisoptrofobia Miedo a los espejos
  18. Epistemofobia Miedo al saber y al conocimiento
  19. Escatofobia Miedo a la mierda (?)
  20. Ecofobia Miedo al hogar
  21. Efebifobia Miedo a los adolescentes
  22. Escriptofobia Miedo a escribir en público
  23. Espermatofobia Miedo al semen
  24. Estasifobia Miedo a estar de pie
  25. Fagofobia Miedo a comer
  26. Falofobia Miedo a una erección
  27. Fronemofobia Miedo a pensar
  28. Genufobia Miedo a las rodillas
  29. Hagiofobia Miedo a los santos
  30. Hobofobia Miedo a los vagabundos
  31. Kinesofobia Miedo al movimiento
  32. Macrofobia Miedo a las largas esperas
  33. Micofobia Miedo a las setas
  34. Mixofobia Miedo a juntarse con gente diferente
  35. Negrofobia Miedo a la gente de raza negra
  36. Nostofobia Miedo a volver a casa
  37. Octofobia Miedo al número 8
  38. Onirogmofobia Miedo a los sueños húmedos
  39. Optofobia Miedo a abrir los ojos
  40. Ostraconofobia Miedo al marisco
  41. Panofobia Miedo a todo
  42. Parascevedecatriafobia Miedo al viernes 13
  43. Rabdofobia Miedo a las baritas mágicas
  44. Rectofobia Miedo a culo
  45. Sarmasofobia Miedo a los juegos eróticos
  46. Socerafobia Miedo a los suegros
  47. Tetrafobia Miedo al número cuatro
  48. Uranofobia Miedo al paraíso
  49. Xirofobia Miedo a las navajas de barbero
  50. Zeusofobia Miedo a seres superiores, como dioses

Los médicos somos increíblemente estúpidos a veces. Mira que le llamamos de una forma rara a las cosas. Nos llena de orgullo saber decir esas palabrejas. Creemos que nos sitúa un escalón por encima de los demás. ¡Patético!

Cuando era estudiante, me pavoneaba por saber decir ciclopentanoperhidrofenantreno (para el que quiera saber qué es eso … http://es.wikipedia.org/wiki/Ciclopentanoperhidrofenantreno) que es como aprenderse lo de supercalifragilísticoexpialidoso. Una imbecilidad supina.

Pues a lo que íbamos … ¿falofobia? ¿caliginefobia? ¡anda yaaaaaaa!

Realmente, estoy siendo poco profesional y un tanto cruel pero esto es mi blog, mi espacio y me puedo permitir ciertas licencias. El Dr. Julio Trampa, mi buen amigo, me reprendería severamente por frivolizar con estas cosas. Sé perfectamente que quien padece una fobia no lo puede evitar. Es irracional, es incontrolable y en muchas circunstancias es muy limitante pero, cuando uno se encuentra con una fobia no demasiado trascendente en apariencia y divertida (para los demás, claro) apetece contarla. Es un toquecito de color, de humor, en una jornada gris, demasiado salpicada de miserias, de enfermedad y muchas veces de dolor.

Pero eso va en el sueldo.

En fin … que uno se pone a escribir de buena mañana y una cosa lleva a la otra y otra a la otra y así sucesivamente. Y hay que producir. O tratar de hacerlo. Aprovecho para comentaros que quizá en estos días de Semana Santa no publique en el blog. No por cuestiones espirituales -que tampoco me vendrá mal- sino por cuestiones mucho más mundanas. Necesito descansar.

A los que os lo podáis permitir os deseo unas Felices Vacaciones. Recordad que hay que volver ¿eh? que tengo pocos seguidores y quiero manteneros a todos toditos. ¡Disfrutad!

La Gran Salamandra


India Martínez

A veces, algunos amigos nos sorprenden con descubrimientos de películas, de voces, de discos o de libros. Incluso de vinos o restaurantes. En mi caso no me viene nada mal porque mi tiempo de ocio es limitado y no puedo permitirme buscar, probar y decidir. Si me dan el trabajo hecho, mucho mejor.

Por supuesto, al cabo del tiempo uno va aprendiendo con qué personas coincide más en gustos o impresiones. Pues bien, no hace mucho, un buen amigo me sorprendió con este disco y quiero compartirlo con vosotros porque me parece un derroche de sensibilidad y de calidad. Se trata del último trabajo de India Martínez que lleva por título “Trece verdades”.

Cierto es que el flamenco, en ocasiones se hace difícil de escuchar pero también Mozart (discúlpeseme la comparación) y no por eso es menos maravilloso. Este disco no es nada difícil de digerir y hasta los más profanos podrán disfrutar de él. Os lo recomiendo; es agradabilísimo. No pretendo erigirme en crítico musical pero sí transmitiros libros, discos o hasta platos que entienda, son especiales. Todo opinable, por supuesto pero, al cabo, mi opinión.

Otro descubrimiento para mí que no hace mucho me fue transmitido es el de Eva Ayllon. Una gran voz, una gran mujer. Parece mentira que yo hable de un descubrimiento cuando en su país , Perú, es una cantante de culto desde hace décadas. Es como hablaros a estas alturas de Cervantes o de la rueda. ¡Pero qué le voy a hacer!

Así es la ignorancia propia pero una vez que se aprende se puede transmitir y es lo que hago.

Espero que alguna vez, algo de lo que escribo sea de utilidad a alguien. Creedme que no lo hago ni para ser adulado ni para ser atacado o suscitar polémicas, por eso los comentarios que pudierais hacerme son todos leídos y respondidos pero no aparecen en el blog.

Entiendo que es una forma de respetar vuestra privacidad y la mía y, a día de hoy, es un bien tan escaso que hay que mimarla cuan especie en vías de extinción. Esa y no otra es la razón; no otro tipo de censuras.

Por hoy, ya es suficiente. Estoy cansado. Recordad; India Martínez y Eva Ayllon. ¡Disfrutadlas!

La Gran Salamandra


Día 2 de abril, día del Autismo.

Es de recibo en un día como hoy, recordar con todo el cariño y todo el respeto a quienes padecen estos trastornos. Los Trastornos del Espectro Autista. Así se llaman.

No abundaré en lo que otros antes tan bien han descrito, mucho mejor de lo que yo jamás sería capaz.(http://autaprendemostodosjuntos.blogspot.com.es/2010_05_01_archive.html)

Es día de recordar, como mañana y como cada día del año a estos pequeños y no tan pequeños que padecen autismo, pero hoy especialmente. Es su día.

Es, asimismo nuestra obligación rendir tributo a quienes se esfuerzan por mejorar en la medida que pueden la vida de estos pequeños, empezando por sus familias. No puedo por menos  que agradecer su esfuerzo a la Fundación Orange (España) con su programa e-mintza (http://fundacionorange.es/emintza.html)  su Proyecto Azahar (http://www.proyectoazahar.org/azahar/loggined.do;jsessionid=71F09A75EC2FA1310A31326F8A130E88) y a tantos otros padres, compañeros (de Policlínica Guipúzcoa y Universidad de Valencia entre otros), educadores, voluntarios, personas anónimas e  instituciones.

A todos ellos, Gracias. Y a los pequeños y a sus familias … ¡Adelante!

La Gran Salamandra

Con “C” de Confianza

Hace muchísimo tiempo que no me dedicaba a escribir, más allá de lo estrictamente profesional. A petición de mi hijo Miguel, trataré de quitar alguna telaraña a esta pequeña parcela de mi vida. La verdad es que escribir me da un poco de vergüenza aunque me tranquiliza mi escasez de seguidores. A veces, hacer el ridículo es una cuestión cuantitativa. No se puede hacer un poco el ridículo, o se hace o no se hace pero si se hace, se hace del todo. El número de personas ante quienes se hace, sin embargo, sí es relevante. Otro día escribiré algo al respecto, supongo.

Pues a lo que iba; que esto de escribir es complejo y que no hay como leer a los demás para darse cuenta de las minusvalías propias ante tanto talento ajeno. Unos meses atrás estuve tentado de hacer un curso de escritura por internet, dirigido por mi admirada Carmen Posadas y su hermano Gervasio (yoquieroescribir.com). Lamentablemente, como la mayoría de aspiraciones en mi vida, se ha visto truncada por una deplorable falta de tiempo. Es una enfermedad crónica e incurable en mí y lo malo es que no me resigno y sigo y sigo y sigo emprendiendo  cosas que me llevan a innumerables fracasos y decepciones. He llegado a pensar que no merece la pena pero a veces, reflexiones hechas por los demás dan un poco de luz a las propias. Y en eso estamos, queridos amigos. Por eso sigo.

Quiero hablar de la confianza y para ello voy a utilizar como cabecera una fotito “robada” del blog de otra gran mujer, Anita Noire. Desconozco a quién se la robó ella si es que lo hizo pero es intrínsecamente bella y muestra exáctamente lo que quiero transmitir. Qué mejor imagen para transmitir el significado de la palabra, que la de un niño tomando la mano de un adulto que le guía, le protege. El niño confía en él. Es una confianza absoluta. Una confianza ciega. No hay reservas. Es total. Es natural.

La confianza a la que aludo es la confianza en los demás, no la seguridad de éxito en los propios proyectos a la que se refiere Anita en su artículo. En mi opinión, siempre es mucho más complicado confiar en los demás que en uno mismo. Muchísimo más. Supone entrega, supone abandono al otro, supone capitular, supone supeditar lo propio a lo ajeno. Es, en definitiva, un acto generoso, noble, leal e íntegro. Es por eso que resulta tan difícil otorgar nuestra confianza a alguien.

Cuanto más analizo el paso del tiempo, más seguro estoy de haber retrocedido socialmente en muchísimos aspectos. Carecemos -al menos muchos de nosotros- de los valores profundos, asentados, grabados a fuego que tuvieron nuestros padres y lo peor, lo dramático es que no estamos sabiendo corregir nuestros defectos. Nuestros hijos, cada vez más, muestran una carencia evidente de valores. Somos en definitiva, una generación compleja que ha vivido cambios extraordinarios y no ha sabido maridar “la gimnasia con la magnesia” como se diría en algunos lugares de España. No hay nadie que que pretenda ser escritor o gurú de algo que no utilice al menos una vez la palabreja maridar. Está de moda. Es guay. ¡Pues me apunto a maridarme con lo que sea menester!

Como alguno de vosotros sabe, sí y muchas más de vosotras también -que ya sabéis que esa idiotez post moderna me enerva- me dedico profesionalmente a la Ginecología. Cuando empecé mi carrera siendo un crío aspiraba sobre todo a servir a los demás, a entregarme a ellos pero también a su respeto, a su consideración y por qué no decirlo a una posición económica desahogada. Por suerte, algunos de los objetivos los he conseguido pero no necesariamente los más importantes para mí a estas alturas de mi vida.

Creedme si os digo que no hay nada más descorazonador que la lucha diaria sabiendo que la guerra está perdida de antemano. En lo profesional y en lo personal. Menos mal que uno hace acopio de una entereza inexplicable y tira “palante”. Son las reglas no escritas del juego. Es el deber.

Voy a contaros alguna experiencia personal que ilustre lo que digo y alguna otra referida por un buen amigo al que conozco muy bien. Son batallas no buscadas, evitadas de hecho. Ni siquiera sirve aquel “si vis pacem, para bellum” porque son guerras inexorablemente perdidas, al menos, a día de hoy. Disculpadme algunas licencias literarias y sobre todo, que nadie busque similitudes con personas conocidas. No es mi intención desvelar circunstancias personales ni nada de lo expresado desenmascara a nadie en especial. ¡Quede claro!

Primera batallita. Hace unas semanas tuve que “invitar a abandonar mi consulta”- literalmente- a una paciente. Había una absoluta carencia de empatía – más bien muy al contrario – y no me pareció recomendable seguir visitándola profesionalmente. El hecho que lo motivó, por sí mismo era trivial, pero no por su trivialidad menos relevante para mí.

En el contexto de un seguimiento de embarazo, sucedió lo siguiente:

-Vengo a que me hagas (el “usted” en España se perdió como la vergüenza, hace muchos años) un análisis de sangre en el que me pidas unas plaquetas y unas pruebas de coagulación.

-¿Perdón?

-Sí; quiero comparar los resultados del Laboratorio de este Hospital con los del Hospital público al que simultáneamente acudo para visitar mi embarazo  porque no me han salido muy bien y no estoy conforme. Me gusta tener siempre dos opiniones. Ya sabes.

-¿ Y no le parece que debo ser yo quien establezca la pertinencia o idoneidad de dichas pruebas? porque , que yo sepa, de entre ud. y yo, creo que el médico soy yo, ¿no? A fin de cuentas, es mi responsabilidad ¿no le parece?

-Sí, eso es cierto pero el embarazo es mío y quiero que me hagas esas pruebas  porque para eso pago un seguro privado y tengo derecho.

Atónito, con cara de gilipollas y con una sensación de imbecilidad digna de análisis. Así me quedé por unos momentos. ¡Pasmado! Sin embargo, salió mi herencia cavernícola, me cabreé como una mona y mandé a la tal paciente a buscarse un ginecólogo a la voz de ¡YA!, eso sí, de manera muy educada. Ni que decir tiene que a continuación tuve que dar explicaciones por escrito a la dirección del Hospital, al Coordinador de Consultas, a su Seguro Privado y hasta la Asociación Nacional de Afectados por las Hemorroides (ANAH) que, por supuesto, en defensa de la pobre paciente, afearon mi comportamiento y me reconvinieron como merecía. Lo malo, no es ya sólamente que la paciente no se fía de uno (en realidad no se fía ni de su padre) sino que las instituciones para las que trabajas te regatean su apoyo en algo tan evidente que me  avergüenza referirlo aquí.

Creo que en el mundo de la justicia se puede pedir ayuda, protección. Amparo creo que lo denominan. ¡Afortunados ellos! A un servidor, al parecer le corresponde reclamar al sargento armero (para los extranjeros que me lean, es algo así como decir … ajo y agua que como bien sabéis es el acrónimo de ajo…derse y agua … ntarse).

Batallita número dos. Data del mes pasado. Una paciente que hace ya unos dieciséis años dejó de venir a mi consulta por razones que sólo ella conoce (no le debió convencer que le dijera que estaba menopáusica … mais cést la vie) , volvió a verme al jubilarse su médico. Se trataba de una revisión rutinaria, completamente carente de trascendencia. En el curso de la misma aprecié un tumor en la mama izquierda pero la paciente me refirió su tranquilidad,  ya que su médico anterior la había estudiado hacía una año, incluso puncionado el tumorcito (o eso creía ella) y que era “bueno”. Muy completo todo. ¡Completísimo! que su médico era muy competente y muy famoso. ¡Lástima que se hubiera jubilado!

No era necesario hacer nada más a juicio de la paciente. Hizo falta una considerable dosis de insistencia y recurrir a los más profundos valores transmitidos por el mismísimo  Hipócrates para que me permitiera estudiarle el tumor en cuestión. Y … oh sorpresa. La mamografía decía que aquello tenía “mu mala pinta” y así lo certificaron, como comentaremos, estudios posteriores. Era un cáncer de mama.

Suspendí la consulta. Coordiné una nueva punción con Radiología. Pedí favores a todos los compañeros habidos y por haber porque la señora estaba de los nervios y quería “quitarse eso” ¡ya mismo! Ecografía, Resonancia, TC, Analítica y Preoperatorio. Favores por doquier  … et  voilà, hace acto de presencia el Síndrome del Cuñado Listo (SCL). Sí, ese que se “mete” en internet y que sabe de todo. El que ha leído en un foro de su confianza que en Jiuston lo hacen por laparoscopia de mama con láser y se curan todas sin quimio ni nada. Ni se quedan calvas. ¡Faltaría más, su cuñada con peluca o pañuelito en la cabeza. Hasta ahí podíamos llegar! Y … ¡cómo no! comienza la peregrinación para hablar conmigo; la paciente un montón de veces, el marido que antes no pudo venir porque tenía una reunión importante, la hermana que es enfermera y sabe un huevo de esto, el hijo que se marea en la consulta y hay que abanicarlo, el cuñado en cuestión, etc. Pero no todos a la vez ¿eh? No, no, de uno en uno y a diferentes días y horas. Y una vez. Y otra. Y otra. Y … tengo que hablar contigo. Soy el cuñado de la susodicha Remedios. Y tú que le dices, mire ud, que yo no puedo darle datos de su cuñada, que si quiere que venga con ella, que ya está explicado, que he hablado hasta con la portera de la finca. Que esto ya es un abuso. Pero el colmo es que te esperan en la calle antes de que empieces tu día a día para que les dediques en plena vía pública unos minutos que siempre son medias horas. ¡Pues no! Joder. Que ya está bien de tanta desconfianza, coño. Que se la lleven a Jiuston o al Opus o a donde les salga de los huevos pero que me dejen en paz. Que yo (junto con otros) sólo quería curarla de su cáncer.

Pues esto, sufridos lectores, día sí y  semana también. ¿Y quién ha ganado algo? Absolutamente nadie. La mujer sigue dando tumbos por diversos hospitales. No se fía ni de su estampa y lo peor de todo es que todavía no la han operado. Yo estoy disgustadísimo y el cuñado listo desaparecido en combate.

Batalla final. Uno cree que las cosas sólo le pasan a él pero mi buen amigo el Dr. Julio Trampa (llamémosle así) también tuvo un problema tremendo digno de ser contado aquí. Procede, entiendo. Esta vez, para su desgracia, en su propia casa y para más desgracia aún, con consecuencias demoledoras.

Pues mi querido Julio es un extraordinario profesional. Médico también como decía, aunque dedicado a otra Especialidad diferente de la mía. Un hombre con una sensibilidad especial, muy querido, muy respetado, muy competente y muy generoso a decir de todo el mundo. Pues bien; hace ya un tiempo, un año aproximadamente, se vinculó mucho a una familia que tenía un grave problema. Uno de sus miembros, una niña de 12 años llamada Mercedes padecía una enfermedad de las denominadas “raras” (http://www.enfermedades-raras.org/) .

La niña era un encanto y estaba excelentemente cuidada, no sin una absoluta dedicación por parte de su madre, pero tenía ciertas carencias a las que Julio, de la mejor manera que entendía, trataba de dar respuesta en la pobre medida que podía y en su tiempo libre. Todo ello, lleno de buena intención, de nobleza y de transparencia. Para nada reprobable. Muy al contrario. Ejemplar diría yo.

Este tipo de actos, al margen de lo estrictamente profesional y remunerado, no eran muy bien vistos por la esposa de Julio porque además de lo que ya llevaba consigo la pobre chiquilla, Mercedes tenía otro problema. Su madre, Rita, viuda a pesar de su juventud, era un mujer con valor, arrojo y para su desgracia, guapa, lo que según me cuenta el propio Julio, encendía a su mujer y no precisamente de pasión. Efectivamente era un problema. Un problema añadido.

– Pero si no hay nada con Rita, repetía Julio a su mujer. Si sabes que te quiero a ti, sólo a ti y trato de demostrártelo día a día. Si mi interés estriba únicamente en ayudar a esa niña y creo que algo puedo hacer. ¡Déjame hacerlo y por favor, compréndeme, que soy médico! No me une interés espurio alguno con esa familia ni con esa mujer. ¡De verdad! casi sollozaba mi amigo. ¿Por qué me haces esto? ¿Merezco este trato?

– ¡Ya! contestaba su esposa fuera de sí. ¡Sí! y por eso le dedicaste un cuarto de hora el otro día por la tarde y le has llamado por teléfono dos veces en los últimos diecisiete días ¿no?

¡No había manera! ¡Imposible! La bondad frente a la irracionalidad. ¡Insoportable!

Ni con palabras ni con hechos mi pobre amigo conseguía hacer creer a su esposa que sólo tenía ganas de ayudar, de tratar de colaborar con aquella buena gente, de sentirse útil. Cada día que iba a ver a la pequeña Mercedes, Julio era sistemáticamente acribillado al volver a su casa, acusado sin fundamento, hiciera lo que hiciera y explicara lo que explicara. Su esposa no veía sino mentiras en lo que Julio le contaba, en todo veía intenciones ocultas y ante cualquier situación se creía en el derecho de exigirle que le pidiera perdón por tanto acto innoble y por tanto orgullo. ¡Pobre Julio!

Finalmente, la situación estalló. Era comprensible. No podía más. Al parecer, todo el mundo lo veía menos él y desde hacía mucho tiempo.

Su esposa le registraba sus cajones en busca de inexistentes cartas de amor, le “extraviaba” su teléfono para investigarle llamadas o mensajes y lo peor, le abría su correspondencia. Julio ya no podía más. No hay quien soporte tanta desconfianza, me decía. Trato de que me entienda pero es imposible. No quiere verlo. Nada más puedo hacer y todo esto me está afectando gravemente a mi salud JM, me contaba. Mi tensión arterial se dispara varias veces al día y ya no sé ni que tomar para controlarla.

¿En qué ha acabado todo? Os lo diré. En estos momentos Julio vive solo. Objetívamente, se fue de su casa aunque en realidad lo echaron. No podía con tanto desatino, con tanta irracionalidad. No quiso dar pábulo a cuantas habladurías sobre su conducta había sembrado su esposa y se alejó triste, derrotado y humillado. Si tan infelices les hago, que vuelen libres. Se alejó de su  propia vida, de la de su casa y de la vida de aquella chiquilla. Hace mucho que no sé de él. Es un hombre muy sensible a quien afectan mucho estas cosas. Confío en que poco a poco remonte porque la ultima vez que hablamos le noté muy quebrantado. A día de hoy sigue solo, según creo.

¿Quién ganó algo en todo esto? Nadie. Absolutamente nadie.

De nuevo, la desconfianza destruía las acciones nobles. Por razones que me resultaron incomprensibles Julio fue denostado y se ha quedado solo. La labor de zapa, el acoso y derribo han dado sus frutos pero su esposa se ha quedado sola a su vez y Mercedes no puede contar con el apoyo sincero que Julio le ofrecía. Sincero y desinteresado.

Y todo ¿por qué?. He de reconocer que no tengo una respuesta clara nada de esto pero sí un código de conducta al respecto.

En el fondo y en la superficie, confiar ennoblece a las personas. Las hace grandes pero es que, además, es intrínsecamente bueno y es práctico. ¿Que tipo de vida lleva una persona que no se fía ni de su estampa? Muy probablemente no se estrelle nunca. ¡Enhorabuena! pero para él esa vida.

En diciembre de 2011 me operaron de una hernia discal que me estaba minando física e intelectualmente desde hacía muchos meses. No soportaba más dolor. Era horroroso, creedme. Pregunté en mi Hospital ¿quién puede operarme? Fulanito, me respondieron mis anestesiólogos que controlan a todo el mundo en el ámbito quirúrgico. Dicho y hecho. De una semana para otra. No conocía de nada a quien me operó. No hubo segundas opiniones, ni resquemores, ni entradas ni salidas de internet. Él lo dijo, él me aconsejó, él lo indicó, él me operó. En él confié. Así de sencillo.

Nadie aboga por una patente de corso en lo profesional ni de tener razón siempre, pero joder, que todos los que nos dedicamos a esto estamos para echar un cable o así quiero verlo y quizá esté en un grave error pero, es mi error. ¡Exijo mi derecho a equivocarme!

¿Por qué no confiar, por qué siempre ese as en la manga, esa bala en la recámara, esa mirada de soslayo y ese “por si acaso”? A nadie enriquece todo esto, muy al contrario, lo enfanga y hace mucho daño. ¿Todo hay que demostrarlo? ¿Todo ha de ser verificable? ¿Ver para creer como Santo Tomás?

Pues no. No yo, al menos. O eso procuro. Sigo confiando en muchas personas. Claro que otras tantas me han defraudado, engañado y aprovechado de mí pero ¡y qué! Nadie dijo que vivir fuera fácil pero lo estamos haciendo mucho más difícil de lo razonable y a muchos se nos olvida a menudo para lo que hemos venido aquí.

Puedo asegurados que , al menos yo, he venido a tratar de tener una vida plena, a aportar algo a los demás ya que mucho me ha sido dado, a vivir rodeado de amigos y fiarme de ellos, a compartir mi vida con personas que me quieran  mucho y que se dejen querer al menos como yo las quiero y de poder salir a la calle creyendo que cada intento diario por crecer, por mejorar y por servir a los demás, da sus frutos.

Me gustaría finalmente, que las personas confíen en mí tanto como yo en ellas. A ello aspiro.

La Gran Salamandra

¡Qué lección!

Hace unos días visitaba profesionalmente a una paciente (Lola) que había sido madre recientemente por segunda vez. Venía a la revisión de su “cuarentena” como se dice en España.

Por razones únicamente administrativas, en mi ciudad, la asistencia al parto se realiza en un solo hospital publico en el que coexisten futuras y recientes madres de diferentes edades, costumbres, países, credos y estatus.

Probablemente, si les preguntara, todas ellas manifestarían su deseo de usar individualmente la habitación, sin embargo, no es posible por el altísimo coste sanitario y por ello, cada habitación es compartida por dos pacientes.

Me contaba mi paciente que coincidió en la misma habitación con una paciente ecuatoriana. Había dado a luz el mismo día que ella. Tenía, como yo, un niño de 8 años previo al actual neonato. Casi dos almas gemelas en eso.

Me decía Lola … ¡que lección doctor! Que lección nos ha dado esa familia ecuatoriana. Me siento avergonzada y admirada a la vez y relataba …

Cuando yo vine a parir dejé a mi hijo de 8 años con mis padres. Mi marido me acompañó, me trajo y se quedó conmigo hasta el momento del nacimiento. Al día siguiente las visitas para conocer a mi hijo y felicitarme fueron muy numerosas, los regalos incontables y las llamadas telefónicas insoportables hasta para mi. Mi compañera de habitación y su esposo soportaron estóicamente este despropósito sin una sola mala palabra, sin un mal gesto, sin un reproche.

Mi emoción sin embargo llegó cuando el hermanito del recién nacido ecuatoriano fue a ver al pequeñín. Cuánto cariño. Cuánta ternura. Cuánta educación a la hora de comportarse, con 8 añitos. Mi hijo, sin embargo, como un energúmeno malcriado, saltando a la cama, gritando, llorando, pidiendo; en una palabra … “dando por el saco” por no decir algo más grueso.

Al niño ecuatoriano, su mamá lo dejó sólo encasa. No tenía con quién dejarlo. Le dijo, Alex, quédate hasta que llegue tu papá que me voy al Hospital. Va a nacer tu hermanito. Se quedó solo, con 8 años y cuando su padre fue a recogerlo, lo encontró despierto, al lado del teléfono por si alguien le llamaba o su mamá necesitaba alguna cosa.

Un ejemplo emocionante. Para mí lo es. Una educación basada en el cariño y en el respeto.  ¡Cuánto tenemos que aprender!

En otro orden de cosas – y esta sí es una experiencia propia- el otro día tuve la oportunidad de hablar con el hijo de una paciente/amiga peruana. Sebastián se llama el chiquillo. Estaba dibujando un “mounstruo” muy vistoso. Su mamá me comentó lo responsable y buen estudiante que era (había sacado tres veintes) y me permití felicitarle por su responsabilidad y buen hacer. Quería ser psicólogo – con 8 años- y le dije que estaba seguro de que lo conseguiría por su entrega y su tesón.

Al niño le empezaron a brillar los ojos y supe que mis palabras de halago totalmente merecido le habían calado. Con un cariño infinito, con una voz que sólo un niño puede entonar y con una mirada que jamás olvidaré me dijo: “muchas gracias José Miguel; que Dios le bendiga” ….y por poco me muero en ese momento porque ya no sabía si el que iba a llorar era el niño o yo.

Este niño, su mamá y la familia ecuatoriana, son los denominados en España Machu Pichus. Aborrezco ese término tan despectivamente utilizado refiriéndose a la población sudamericana con rasgos andinos. Por supuesto los argentinos, uruguayos y los más blanquitos, no. Esos son como nosotros.

Ahora bien, denominar a esas personas Machu Pichus (tan popular como se ha hecho en España “gracias” a una lamentable serie de televisión) es cruel, ofende y denigra pero, lo peor es que tenemos muchas más cosas que aprender nosotros de ellos, que ellos de nosotros y no nos damos cuenta. Tampoco he leído nada a las agencias que nos educan frente a la xenofobia y nos dan lecciones de buen hacer, protestar y sancionar a esta TV por este dislate. Eso no es xenofobia. No. Es simplemente gracioso. ¡Lamentable!

No tendrán casa, no tendrán dinero ni formación pero tienen dignidad, educación, cariño y nobleza. Y lo mejor es que lo regalan.

En muchas cosas, no les llegamos ni a la suela del zapato. ¡Aprendamos de ellos como ellos de nosotros! No son moros, vagos, violentos y misóginos. Son hermanos a los que todavía no les hemos pedido perdón por haberlos colonizado.

¡Qué lección doctor, qué lección!

LGS

¡Perplejidad!

Mira que somos raros … unos más que otros pero, raros de “cohones”.

Tengo por norma ejercer cierto grado de autocrítica, a diario. He de reconocer que muchos días no me acuesto en la cama encantado de conocerme. Algunos errores, algunas malas palabras, algún mal gesto, algún exceso verbal, en definitiva, muchas cosas de las que arrepentirse y muchas otras que mejorar. Todos los días no ¿eh?

¿Balance del día? pues …. ¡not too bad! que dirían los que saben ingles, pero , manifiestamente mejorable.

A medida que se van peinando canas (afortunadamente porque sigues vivo y tienes pelo) se da uno cuenta de que por su vida han pasado personas extraordinarias, especiales, singulares. Unas te aportaron mucho, otras menos pero te animaban el día, te hacían reír, otras simplemente te apoyaban, otras te daban cariño, comprensión.

De repente, inexplicablemente desaparecían de tu vida. Quedabas perplejo. Pero … ¿qué le habré hecho yo a esa persona? … ¿se habrá molestado por algo? Y por mucho que uno piensa, no alcanza a comprender las reacciones de algunas personas. ¿Por qué se habrá ido? ¿En qué le habré ofendido?

El dolor inicial por la pérdida – qué se le va a hacer, yo tomo mucho cariño a las personas si son nobles en breve espacio de tiempo y así me pasan las cosas que me pasan – lo van reemplazando el estupor y  la incredulidad. Para mí , perder  las personas, es un disgusto tremendo pero no está de mi mano solucionarlo. A veces, trata uno de dar una explicación, de disculparse si en algo ha ofendido pero, ni aún así. Bien. Pues si no se puede no se puede y además es imposible.

El dolor, el estupor y la incredulidad van siendo sustituidos por la resignación. En fin …

Y de repente ……. tatacháááááááááán ……… trrrrrrrrrrrrrrrr, la susodicha persona reaparece. Pero no lo hace abiertamente y te dice …. ¡cuánto tiempo sin vernos! ¿qué es de tu vida? ¡qué buen aspecto tienes! ¡qué caro eres de ver! y esas frases tan españolas para iniciar una conversación.

No. No suele ser así. De repente, empiezas a coincidir en lugares habituales (¡andá! mira quién está ahí) te sorprendes la primera vez. ¿Se acercará? ¿Me habrá visto? No sabes cómo actuar. Ya metiste la pata una vez. Mejor abstente.

Esperas que dé el paso, que se acerque y te salude pero nada, en fin …. más resignación. Si ha de ser de esta manera … ¡Sea!

De repente, vuelven a tu memoria situaciones, momentos especiales, gratamente compartidos y te preguntas … pero cómo es posible que hayamos acabado así. Con la buena relación que teníamos. No me lo explico.

Realmente estoy perplejo.

Desde aquí, amigo mío, amiga mía, compañero, compañera, sigo siendo yo. Si te ofendí perdóname pero si quieres, me tienes. Son demasiados años vividos y unos pocos por vivir para perder el rumbo por un malentendido, por una frase desafortunada si es que realmente la ha habido.

Perdón por no sé qué pero perdón al cabo.

Y así se acaba la historia.

La Gran Salamandra

¡Lo mal que debemos oler los hombres; bueno, algunos de nosotros sólamente!

Hasta el punto de ser causa de esterilidad, nada menos.

No sé por qué os voy a contar esto ni por qué me ha venido a la memoria pero me parece interesante compartirlo.

En las últimas décadas, los avances en la medicina de la reproducción han sido sorprendentes. Situaciones otrora desesperadas se abordan ahora con resultados muy eficaces.La verdad es que para muchas parejas ha supuesto una puerta abierta a una esperanza que hace no mucho resultaba imposible.

Si añadimos un incremento notable en la permisividad social en lo referente a los usos y costumbres, entre otros, en materia de pareja y en materia sexual, nos resultará mucho más fácil entender las familias monoparentales.

Pues bien; uno de los aspectos solicitados de una forma creciente es la inseminación artificil con semen de donante a mujeres solas; homo o heterosexuales que por diferentes razones han decidido quedar gestantes sin el concurso de un varón.

Hemos asisistido en los últimos tiempos a auténticas barbaridades como ovodonaciones a mujeres de 60 años y a la figura de los padres/abuelos lo cual nos lleva a ayudar a engendrar y traer al mundo un montón de potenciales huérfanos precoces.

Consciente de ello, la Sociedad Española de Ginecología y la Sociedad Española de Fertilidad en sus últimos congresos alertan de éste y otros fenómenos similares y plantean un interrogante que resulta decisivo.

¿DEBE QUEDAR EMBARAZADA ESTA PACIENTE?

Creo que el médico tiene mucho que decir al respecto. Nadie pretende convertirse en  gestor de la procreación otorgando favores a estos sí y a esos no por vaya ud. a sabér qué motivos pero, lo cierto es que hay peticiones descabelladas y los médicos debemos ponernos al servicio de la cordura.

La anécdota que paso a relatar tiene mucho que ver con esta larga y necesaria introducción y manifiesta la disparidad de criterios entre los mismos médicos y pone de relieve que donde hay dinero casi todo vale (eso creen algunos).

Dicho lo anterior os diré que una tarde, una bella señorita, atractiva de facciones y sospechosamente delgada acudió a mi consulta. Venía acompañada de mmmmmammmmmá.

Solicitaba ayuda para quedar gestante.

Tras la pertinente historia clínica en la que manifestaba ser heterosexual (en este caso muy importante porque para engendrar un chiquillo hacen falta gametos masculinos y femeninos) me dice que quiere que la insemine con un  semen de banco. Le digo no entender bien su propósito ya que siendo heterosexual y joven -30 años- me parece más razonable intentar una gestación “al viejo estilo” y en caso de fracaso sería el momento del correspondiente estudio y tratamiento si así procediere.

– Ah, no. Pero … ¿tú sabes lo mal que huelen los “tíos”? ¿y el pestazo que se queda en la habitación después de pasar una noche con ellos? Ni hablar. Qué asco …. (Y esa era la razón, lo mal que olíamos los hombres ….. Hay que joderse ….)

– Muchas gracias por la parte que me toca, contesté. Dicho lo cual  …  ha sido un placer conocerla y búsquese un ginecólogo experto en olores. Ahí tiene ud. la puerta. Buena suerte, dije.

Pues oiga … la tuvo. Hubo quien la inseminó artificialmente, por supuesto, no fuera a apestarse la pobrecita. Hubo compañeros a los que no importó el desagrado de la paciente por  lo del olorcillo a pies o a pedos o a eructos de esos de esos de las cinco de la mañana. Mmmmmm, qué rica estaba la chistorra ….. El caso es que la inseminaron  y quedó embarazada.

Con posterioridad al nacimiento de su niño (ha tenido la mala suerte de que es niño, chico, varón, masculino) nunca la he visto acompañada por un hombre y la veo a menudo. Siempre con mmmmmammmmmá lo cual, por si mismo no tiene ninguna trascendencia si no fuera por esa aversión extrema por el sexo masculino. Cada vez que pienso en ese pobre chiquillo y la cantidad de parejas que lo desearían como hijo a quien educar, a quien querer, a quien ver crecer, veo al chiquitín con esa peculiar mamá que lo quería para vestirle como a la Nancy. (Para mi club de fans de otros países, la Nancy es una muñeca muy famosa en la España de los 60? 70?  … por ahí debe andar. Mis hermanas, desde luego, tenían una)

Para lo que todavía no tengo respuesta es para lo que todos nos imaginamos …. ¿quién le cambia las cacas al chiquitín? porque estos chiquitines, al principio tienen unas cacas memoriales, casi inodoras pero en cuanto empiezn a comer  como Dios manda …. se cagan como  capitanes generales. ¡Menudos pastelazos! …. O no? Discúlpeseme mi filia escatológica. Nunca lo he podido evitar.

Lo malo de la especie humana es que se reproduce con gametos de ambos sexos (sexual) pero no es lo único llamativo a decir de algunos. El hombre, con sus mejoras, avances y tecnologías varias, pone al alcance sus congéneres posibilidades extraordinarias de progreso, de salud y de bienestar. Lamentablemente también pone esos mismos avances a disposición  personas de dudoso equilibrio emocional y algunos – que a lo mejor estamos más tronados que los anteriores – tenemos la obligación de decir ¡NO! Mire ud.señorita, está ud. como un “silbo”, con perdón de los silbos. Vaya ud. al psiquiatra aunque con pocas esperanzas porque su problema no es psiquiátrico, su problema es que es ud. completamente idiota y, de momento, eso no se cura. En su caso, ni con la edad. No se moleste ud. por lo de idiota ¿eh? que no es un insulto; es una descripción.

¿Tenía un servidor el derecho a negar esa opción a esta, llamémosle, persona? Por supuesto que sí. Me lo da el sentido común y la defensa de esa criatura por engendrar.

No trago por esta dosis de imbecilidad. La Ciencia, la Medicina no están para su uso y abuso a capricho del individuo. Este servidor se niega a ser copartícipe de la idiotez ajena.

¡Bastante tiene con la propia!

La Gran Salamandra

MARCO SIMONCELLI

In Memoriam

En la entrada anterior me prometía a mí mismo decir la verdad y voy a hacerlo. No quisiera molestar a nadie pero siento la necesidad de decirlo.

En el circuito, Marco era un auténtico “cabrón” tal y como entendemos el fair play del motociclismo en España. Probablemente no piensen lo mismo los aficionados a superbikes.

Sin embargo, la moto era su pasión; su vida. Era un estupendo piloto pero sobre todo, tenía 24 años. Nadie debería morir a esa edad.

Es sorprendente la esquizofrenia intelectual. Con lo mal que me caía, qué disgustado me ha dejado su muerte.

Descansa en paz, Marco.

¡Decir la verdad!

A lo largo de la vida de las personas hay, casi con toda seguridad, hechos relevantes, Mómentos decisivos, determinantes en su concepción del día a día, de su cambio de hábitos y opiniones. En ocasiones son hechos luctuosos como una pérdida familiar, afectiva, vital; en otros, un desencuentro, un fracaso personal o laboral , un amor no correspondido, un engaño o tantos otros … Lo cierto es que todo ello empuja al individuo pretendidamente normal a una vorágine desenfrenada en un intento de cambio que -seguramente – necesita el oxígeno como un apneísta.

Es un Carpe Diem sin control. Conceptualmente no está mal, pero … ¿al día siguiente? ¿Es igual? ¿Puedes mirarte a los ojos en el espejo y valorar con criterio lo que hiciste? ¿Estás siendo coherente? ¿Estás siendo leal? ¿Estás siendo honesto siquiera contigo mismo? ¿Merece la pena lo que estás haciendo?

Posiblemente a todos nos llega la hora. Llega la hora de decir ¡basta!, hasta aquí hemos llegado o, no vale todo. Creo honestamente que la mía ha llegado; es esta.

Decir la verdad nunca ha sido malo. Las formas son muy importantes pero ya lo refrendó Antonio Machado en su Juan de Mairena:

Juan de Mairena: La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Agamenón: – Conforme.

El porquero: – No me convence.

Es en este momento cuando decido, no ceder a los convencionalismos y decir la verdad sobre lo que pienso (nunca he sido muy dócil), sobre lo que siento, sobre lo que deseo; sea o no política y socialmente correcto. La rentabilidad de la hipocresía es más que cuestionable; es indigna, es efímera y sobre todo, es innoble. El paternalismo protector o la hipocresía subyacente no hacen sino perjudicar a ambas partes. A la protegida y a la protectora. Así lo veo yo.

Como digo, probablemente sea mi hora. No trago más. Quizá, mis pérdidas familiares, emocionales, mi afectividad, mi trabajo, mi salud o todo ello junto me están empujando a decir una verdad; la mía, que , sea o no  acertada es producto de la reflexión y de la asunción de responsabilidades. Demasiados años tragando; una cobardía encubierta pero cobardía al cabo. Mi cobardía

Pero por qué este empeño en decir la verdad, en un mundo en el que la mentira está a la orden del día y en el que una palabra más alta que la otra o una observación fuera de tono pueden dar al traste con toda una trayectoria personal? Pues por eso; porque estamos mucho más pendientes de lo que dirán los demás que lo de que debemos hacer. A veces un espíritu sobreprotector nos lleva a tomar decisiones que aunque con buena intención nos obligan a mentir para proteger al pretendidamente afectado.

Craso error.

Tomamos decisiones por otros; decisiones para las que no hemos sido habilitados ni autorizados. No tenemos derecho.

Permitidme – mis dos o tres lectores habituales, o más – que ilustre estas afirmaciones con unos pocos ejemplos. Podrían ser muchos más, y en multitud de situaciones cotidianas pero, creo que con las que  expreso a continuación es más que suficiente.

Llegado este momento, creo imprescindible decir que tan nocivo es mentir como omitir u ocultar la verdad de las cosas. No se es más o menos cruel u honesto por aliviar, atenuar o dulcificar los hechos, porque, nos guste o no, lo son. La verdad es la verdad. Omitirla es cobardía por no tildarla de otros atributos mucho menos generosos.

Me explicaré, me mojaré, me desnudaré pero diré lo que pienso porque es mi deseo, es mi obligación y es mi derecho.

La omisión como mentira:

Dos situaciones completamente normales podrán refrendar lo que trato de decir respecto de la omisión.

Soy médico, muchos lo sabéis. En muchas más circunstancias de las que me gustaría, me veo en la obligación de transmitir noticias terribles, desesperanzadoras, de muy mal pronóstico. Cuestan la vida a las personas. Es muy doloroso pero va en el sueldo. Para eso nos formamos en lo que nos formamos. Por eso defendemos que la licenciatura en medicina no otorga a nadie la calidad de MÉDICO. Esta palabra conlleva mucho más; entrega, sinceridad, nobleza, respeto e integridad.

Por muy envidiable que sea el expediente del alumno, si su formación en el día a día no se ajusta a la realidad en la que vive, fracasará. Es un hecho.

¿En qué se ayuda a un enfermo que se muere negándole la evidencia? ¿Qué derecho tenemos de ocultarle algo que él mismo nos ha solicitado se le manifieste con claridad? ¿Cómo se pondrá al día en el plano espiritual o en el afectivo si desconoce su realidad, su exiguo futuro? Nadie nos ha dado el derecho de ocultarle todo ello. Nos guste o disguste, no tenemos tal derecho.

En la misma línea de argumentación, la de la omisión, vayamos a algo más sencillo.

Hablemos de amor, hablemos de sentimientos.

Recuerdo que cuando era adolescente, en una ocasión me presenté en un bar que frecuentaba mi padre, llorando desconsoladamente, en el fondo buscando su protección porque, una muchacha me había engañado, o eso creía yo.

Durante meses la cortejaba, la atendía, le daba lo mejor de mí, me esforzaba por agradarla, me sacrificaba por ella en lo que podía – poco en aquellos años – y ella, que era de chica lista, me hacía sentir que me correspondía, que era muy importante para ella. Lo cierto es que para aquel entonces ya estaba saliendo con otro chico de una edad más adecuada para la suya, que tenía mucha más disponibilidad para verla y que tenía moto.  Una moto preciosa. ¡Qué envidia nos daba a todos los amigos!

Yo tenía una pequeña bicicleta BH que, no sin un esfuerzo importante, me habían regalado mis padre por mis buenas notas escolares. ¿Pero dónde voy yo con una simple BH? En fin …

¿Alguien duda de, quién se llevó el “amor” de la chica? Mis preguntas, sin embargo siempre han sido … ¿por qué no me lo dijo? ¿por qué me mintió? ¿por qué me dejó entrever que éramos medio novios?  No caben malas interpretaciones. La verdad es clara. Fui preterido. Muchos años después y con el criterio que otorga la edad lo sé. Jugaba a dos bandas. Sin duda.

A pesar de todo, quizá yo lo entendí mal pero, la verdad es la verdad. Aunque duela. Es más noble decirlo. Mirar a los ojos con dignidad y mirada clara. ¡Ojalá hubiera sido así! Ahora no seríamos pareja pero seriamos muy amigos porque yo la quería. Muchísimo.

¡Ya no lo somos! Ella tampoco sigue con el de la moto; va dando tumbos. ¡Una pena!

La omisión de la verdad como medio para evitar males mayores o el Estado como padre. El diccionario como cómplice del fraude.

Hace no mucho años, asistí a un esperado debate en la televisión de mi país.

Se trataba de dilucidar la magnitud de la crisis que nos estaba triturando. En el partido del poder, el Sr. Solbes (soy muy generoso con lo de Sr.), en la oposición el Sr. Pizarro, brillante empresario y experto en economía. Ya sé que se me ve el plumero ¿y qué? A fuer se ser sincero, el Sr. Solbes también lo era. En su día al menos parecía serlo.

Hoy da vergüenza recordarlo. Era la omisión de la palabra crisis a toda costa. Vericuetos por doquier. Sinonimia en estado puro pero ni mencionar lo de crisis. Era un máxima gubernamental. “Avant mourir que perdre la vie”. Así fue, quien enarboló las posiciones más optimistas, más populistas, ganó el debate y las elecciones. La negación de la crisis, la incompetencia de los dirigentes, la hipocresía de las instituciones  condujeron a España a una situación terrible. Hoy es el día que la estamos padeciendo con  una economía en quiebra y una población desempleada como nunca en nuestra historia con lo que ello conlleva; penuria, desesperación y pérdida de la autoestima.

Reza el dicho español que cuando el dinero no entra por la puerta, el amor sale por la ventana … uffffff.

¿En qué nos ha ayudado al común de los españoles la omisión de la verdad? Me gustaría saberlo. Quizá no sufriera tanto.

Otro día abordaremos el tema a de la Inmigración en España porque hoy, algo me ha sentado mal y tengo muchas ganas de vomitar. No vaya a ser que vomite en mi iMac, que me costó muchísimas privaciones y ahorrar hasta lo indecible para llegar a ser maquero.

No lo vomitaré. Antes me pego un tiro. Así somos los maqueros.

El engaño institucional en aras de la convivencia o la negación de la opinión del ciudadano. Mentiras disfrazadas de verdades.

Tranquilidad; es mi último ítem.

Para quien lo desconozca, entre los miles de lectores hispano o castellanoparlantes de mi blog. No me extenderé porque es muy sencillo de entender. No es que yo sea muy listo, es que es tan evidente … que me da hasta vergüenza explicarlo.

En España, desde finales de los años cincuenta o principios de los sesenta existe una BANDA TERRORISTA ASESINA  LLAMADA ETA (VÉASE QUE NO DIGO ORGANIZACIÓN ARMADA NI GRUPO INDEPENDENTISTA NI IMBECILIDADES POLITICAMENTE CORRECTAS). SON TERRORISTAS Y ASESINOS. PUNTO.

Digo y mantengo, recuérdese: BANDA TERRORISTA que ha sembrado de cadáveres mi tierra y otros muchos lugares de España porque para quien no lo sepa yo soy tan vasco como el más hijoputa de los terroristas, en aras de no sé qué absurdas reivindicaciones palurdas y anacrónicas. Podrían ser perfectamente asimilables a la Baden Meinhoff en Europa o los Tupac amaru en el Perú lo los Montoneros argentinos si la memoria no me falla.

TE –  RRO – RIS – TAS.

A – SE – SI – NOS.

¿Queda claro?

¡Cómo me gustaría verlos así!

En fin, que en los últimos días han manifestado un CESE DEFINITIVO DE LA VIOLENCIA. Ojalá eso fuera verdad pero, ni han entregado sus armas ¿alguien sabe cuántas tienen? ni han manifestado su quebranto por los errores cometidos, los muertos inocentes asesinados vilmente (o aunque fueran culpables de no sé qué, qué mierda). ¿Quién les da derecho a ellos? ¿Y el dolor de las víctimas y su pérdida? ¿Han pedido perdón? Noooooo. ¿Lo harán? Rotundamente son. Son alimañas.

Han pretendido dar un tinte de conflicto internacional a su “lucha” trayendo a mercenarios de las Conferencias de paz, con el guión, la escenificación y los acuerdos escritos antes de llegar. ¿Cómo pueden llegar a pringarse en una cosa así personas como Gerry Adams o Kofi Annan? ¿Por dinero quizá? Mucho me temo que por ahí puedan ir los tiros.

Pues bien, aquellas joyas que asesinan, secuestran inocentes durante un año y medio  en cubículos inmundos de 1,5 m de ancho y lindezas similares, ahora han decidido ser buenos, no matar ni nada y decir que van ser unos chicos ejemplares. ¡Ja!

Este enlace es bastante clarificador sobre la trayectoria de estos “corderitos” y dónde torturaron durante un año y medio al pobre Ortega Lara cuyo delito era ser funcionario de prisiones.

http://www.vianetworks.es/personal/angelberto/lara.htm

Quien tenga la curiosidad de profundizar en el tema que vea este video y luego opine sobre las buenas intenciones de estos muchachos. http://www.youtube.com/watch?v=zCzpudQckoc

La teatralidad de subir el puño en alto al final del video, reivindicar lo irreivindicable (la escisión de España) ¿a alguien le sugiere paz, arrepentimiento o más bien soberbia, amenaza y victoria?

Ni han tenido la gallardía de salir en su comunicado televisado a cara descubierta. Cobardes de mierda. Sí. Cobardes de mierda.

Iba a llamarles retrasados mentales pero ni siquiera los retrasados mentales merecen el insulto de compararles con ellos. ¡Gracias Ana María por hacerme ver que si empleo la palabra neuroatipia, iban a volverse locos pensando que era una marca de tabaco! (De paso me he enterado yo del resto de características de la neurotipia y neuroatipia. Gracias de nuevo)

Cada vez que pienso en la escenificación del comunicado de ETA al más puro estilo del corral de comedias que, naturalmente tampoco saben lo que es, recuerdo a una paciente mía, madre de dos hijos, esposa de un Guardia Civil español y embarazada de su tercer hijo, que se disculpaba al llegar a mi consulta con una semana de retraso y no haberme podido avisar.

No pude, refería. ETA mató a mi marido y a otros dos compañeros con una bomba en la vía del tren. Murieron todos. Él y sus compañeros. Lloraba tan desconsoladamente …..

Sí, estos que hoy dicen que han abandonado las armas, dejaron una viuda, dos huérfanos y otro non nato. Y hay que perdonarles. Pues no.

Véase la trayectoria de esta fauna sólo en atentados contra la Guardia Civil:

http://www.elimparcial.es/contenido/16078.html

¡Asesinos!

No me alegro de esta declaración. Es mentira. Es una mentira más que trata de obtener beneficios electorales. ¡Estoy seguro!

Ojalá os cacen a todos y os acribillen en vuestro intento de huida, porque  …. ¡Miserables! os recuerdo que tenéis por costumbre mearos en los pantalones cuando os detienen. Sí amigos, estos valientes de la capucha se mean como chiquillos cuando los detienen; alguno incluso “se caga de miedo”. Perdóneseme la vulgaridad pero es así. Qué arrojo ¿eh?

¡Qué fácil es matar con el tiro en la nuca! ¡Cobardes! ¡Cobardes!

Sois la HEZ. Os detesto. Todo es mentira.

Estos buenos chicos sólo dejarán las armas en tanto en cuanto se cumplan sus deseos. El tiempo lo dirá y estaré encantado de reconocer mi error si no es como vaticino.

Esto sí que es un chantaje a la democracia. Un jaque al estado de derecho. Cerca de los mil muertos. MIL. Mujeres y niños, hombres, inocentes todos, en aras de una absurda, paleta y trasnochada ideología. Bombas, tiros en la nuca, amputaciones a niñas, cegueras, metralla, secuestros, extorsión.

Pero claro, estamos en manos de lo mejor de cada casa. Ninguno de ellos ha terminado los estudios primarios. Bueno, para no mentir, alguno creo que llegó a primero  de bachiller pero le tiraba más matar que ir a la Universidad. Estudiar matemáticas es jodido. Disparar está tirado.

Son los macarras que en USA estarían en el Bronx fumando crack y matando por una dosis pero ….. por supuesto, acabarían en el corredor de muerte.

¿Estoy de acuerdo con todo eso para ellos?

SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.

Me han matado amigos, conocidos y desconocidos. Dos de mis familiares llevan escolta desde hace más de diez años. Han extorsionado a muchas personas que conozco.

¿Cómo no voy a estar de acuerdo?

Antes de juzgarme, quien lo haga, que piense cómo se sentiría si mataran a su hija o la mutilaran de por vida. A la niña tirada en el suelo, la valentía de estos miserables le costó las dos piernas. Tenía doce años. Se llama Irene Villa.

Juzgadme si os atrevéis.

Ojalá el peso de la Ley caiga sobre ello. Pero la Ley, sin acuerdos espurios, sin pactos. La Ley. La Justicia es una, ciega e igual para todos ¿no? Sea.

¡Ay de quien vulnere este principio!

En aras de la convivencia no vale todo.  A quien delinque, que se le castigue.

Dicho lo cual … esa es la verdad como yo la veo; como yo la siento. Quizá equivocadamente pero es la mía.

Decir la verdad es lo más noble e íntegro de que dispone una persona de bien. Sea humilde, pobre o multimillonaria, izquierdista, conservadora, homo o heterosexual (o trans, que me faltaba el trans; sorry) ¡Qué mas da!

Lo anterior es mi faro. Hay decir la verdad.

¿Significa eso que hasta ahora he estado mintiendo? En absoluto pero, he omitido cosas que quizá debía haber manifestado. Pido perdón por ello a quien se haya sentido afectado u ofendido

¿Tanto cuesta entenderme y perdonar mi ocasional vehemencia?

No me engañéis, no me mintáis, no me ocultéis las cosas, nos unan o no. Respetadme. Rico o pobre, listo o tonto, joven o viejo, rico pobre, soy   una persona libre e inteligente. Mucho menos inteligente de lo que me gustaría y casi completamente libre.

No me hagáis sufrir. No tenéis derecho. Soy bueno o al menos lo procuro. Creedme. Lo soy. Respetadme, por favor.

De no ser  así … ateneos a las consecuencias. No es una advertencia. ¡Es una promesa!

La Gran Salamandra

La educación al teléfono móvil o, mejor sin él.

La presente entrada está inspirada en un estupendo artículo de Bibiana Álvarez titulado “Etiqueta digital” y publicado en el número 364 de Muy Interesante de septiembre de 2011. Gracias, Bibiana, por este magnífico artículo.

Supongo que todos tenemos muchas anécdotas sobre la utilización de este diabólico invento pero los extremos a los que estamos llegando, son realmente alienantes y desde aquí quiero testimoniarlo.

Paseaba yo hace unos días por la playa de Puerto Banús y en uno de los clubes de moda de esos en los que hay hamacas/cama y unos jóvenes y jóvenas de los que quitan el hipo con tabletita chocolatera ellos y unas delanteras y traseras y de todo ellas, pues bien, para mi sorpresa , ellos 6, en una cama de esas blanquitas con botella de champán del bueno jugando con sus móviles sin dirigir una mirada a los “pibones” de al lado. Ellas a su vez riendo mientras sus pulgares movíanse a una velocidad vertiginosa mientras tuiteaban o blacberriaban o feisbuqueaban. ¡Insólito!

Paga una pasta en un club de postín para jugar al jueguecito  de matar pajarillos o mandar mensajes a alguien que a lo peor está a escasos quince metros. Lo dicho, para no soltar gota. Ahora me explico yo los berrinches del personal porque su operador no le concede la actualización al aifon de enésima generación. Si es que es lo que mola. Mira que soy burro. Y yo sin darme cuenta, con este movilillo que ni es táctil ni es nada. Así me va …

Mucho peor es salir a cenar con alguien y que te deje chupando con fruición el hueso del patorrillo porque ha recibido una llamada de vaya ud a saber quién. Y ahí te quedas sólo y relamiéndote dando buena cuenta del acompañamiento, que es lo más rico. Sólo como la una sí pero con una media tranca y unos eructos de esos que a las 5 de la mañana te hacen decir … ¡qué rico estaba el patorrillo!

De todas maneras, lo reconozco, a mí lo que más me gusta es estar en la cola del autobús o del banco o de la panadería mientras me entero del menú que va a poner la Sra. María y cómo transmite las pertinentes instrucciones a su asistenta sobre cómo debe cocer el bróculi porque si no queda al dente es pura pasta, que además da unos gasesssssssss. Es que me pone. No lo puedo evitar.

En fin, que se nos ha ido un poquito la olla, creo yo. ¿No os parece?

Ya sabemos que los móviles (celulares para el personal allende los mares) son utilísimos y que tienen hasta internet y todo y que se puede guasaperar, tuitear, viberar, feistaimear y muchas más cosas pero ¿somos conscientes de que las personas que tenemos a nuestro lado merecen un respeto, o dos?

No es necesario contestar al móvil en todo momento, interrumpir la conversación de nuestro interlocutor presente para atender al ausente, priorizar al ajeno en contra del próximo, fastidiar una cena o una reunión sea profesional, sea familiar. Somos tremendamente desconsiderados. ¿Pero qué privilegios concedemos a ese aparatito y por qué?

Os sugiero que en vuestro día a día analicéis este tipo de comportamientos que nosotros mismos llevamos a cabo. Por lo que a mí se refiere me da bastante vergüenza. Propia ¿eh?

Prometo mejorar.