Lo que fue, lo que pudo haber sido y lo que será.

Viajaba ayer, escuchando distraídamente las noticias en una emisora de radio cuando oí que habían resultado heridos de diversa consideración una serie de ciudadanos españoles en el atentado de Bruselas.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando refirieron los nombres de algunas de las personas heridas entre las que se encontraba Carmen López (Así se llaman todas las mujeres sobre las que escribo y a las que debo el exigible anonimato. Ellos se llaman Miguel López )

¡ Joder ! Carmen López, me dije. Si es paciente mía. Si es una tía estupenda, como si el resto no lo fuera, pensaba yo después, con una notable dosis de vergüenza.

Carmen es una paciente mía, en efecto. Es una española que vive en Bélgica, funcionaria ella de la UE y a la que tengo un cariño especial porque  habiendo como hay excelentes ginecólogos en Bruselas, mucho mejores que yo, por supuesto, acude a Vitoria para hacer sus revisiones conmigo. Y ni siquiera, cuando vuelve a España,  vive en mi ciudad. Se desplaza para verme. Todo un lujo para mí. Lo reconozco.

Volviendo a lo que nos ocupa. Afortunadamente, al cabo de unos minutos aclararon que Carmen, aunque hospitalizada, se encontraba fuera de peligro, herida y magullada, pero viva.

Psicológicamente afectada, pero viva.

Con un shock post traumático como el Atomium, pero viva.

Viva y sin graves secuelas físicas previsibles. ¡Viva!

El atentado fue una aberración, como todos. Murieron muchas personas. Todas innecesarias, todas  inocentes excepto los que murieron para matar. Hasta estos me dieron un poco de pena dentro de la repulsión. Jóvenes, inmaduros, adoctrinados, fracasados, delincuentes. Asesinos al fin.

Estoy seguro de que no se me olvidará este atentado, como no lo han hecho los atentados de París, los de Atocha, los de las torres gemelas, los de ETA – por supuesto – ni otros muchos. Éste sin embargo, será especial porque en éste ha estado a punto de morir una amiga. Pudo ser y no fue. Pudo morir pero vive. Eso hace especial para mí este atentado. No ha sido impersonal. Carmen vive. La conocía, la conozco y la seguiré conociendo si año tras año sigue otorgándome su confianza. Porque la vida le ha regalado una segunda oportunidad, sé que la aprovechará y yo quisiera seguir viéndolo.

No hay atentados buenos y malos, importantes o irrelevantes. Son sólo atentados. Agresiones. Intimidaciones  y muerte. Cada uno los vive a su manera y la mayoría de las veces, después de la lagrimita inicial y de decir … ¡que barbaridad! pasan a engrosar el particular pozo del olvido que todos hemos cavado para arrojar lo que nos incomoda. ¿O alguien se acuerda de Haití?

Lo que me preocupa, no es ya lo que ha sucedido sino lo que va a suceder. Porque no estamos haciendo nada para evitarlo. Porque nos creemos los estupendos, los llenos de razón y los poseedores de la verdad pero, en el fondo, no somos sino unos cobardes incapaces de tomar decisiones aunque  sean políticamente incorrectas pero socialmente eficaces.

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A Arturo Pérez-Reverte o se le ama o se le aborrece. Yo soy de los primeros y me siento identificadísimo con sus posiciones que cito como si de la Biblia se tratara.

Hay algo que me indigna tanto como la idiotez; más si cabe. Es la hipocresía, ante la cual, después de los convenientes improperios iniciales, me desconecto y coloco en modo snooze como gráficamente describe Carmen Posadas. Una “grande” por cierto, como ahora tiende a calificarse, aunque ésta lo es. Sin duda.

Frasecitas de otros,  como …  “todos somos París o Bruselas” o “la sinrazón del terrorismo no podrá con la libertad de los demócratas” o “nuestras condolencias y solidaridad con los familiares de las víctimas”, o “todos unidos frente  la barbarie”… etc,  aunque formen parte del fondo de armario verbal de los mediocres políticos que nos ha tocado padecer, estamos hasta ahí mismito de oírlas. Sí, sí, hasta los cojones u ovarios en su caso. A ver si vamos cambiando el manual de estilo de esta panda de incompetentes y les introducimos cositas como el “NO PASARÁN” de la Batalla de Verdún o de la Pasionaria en la República Española.

Pero, por desgracia, en el fondo ¡qué mas da!  Que pase cuanto antes el tirón de esta mediática desgracia que ya nos está incomodando demasiado ¿eh? Y hasta la siguiente, que esperar es gratis.

Hasta ese momento, toca tragar, ir acojonaados a los actos multitudinarios, a los conciertos,  a los eventos deportivos, a escrutar en el metro o en el autobús a quienes llevan un abrigo demasiado abultado o una mochila que nos resulta sospechosa, a aconsejar a los nuestros que tengan cuidado, que no viajen ni  a Egipto ni a Marruecos ni a Túnez ni a Jordania, ni a nada que huela a Islam, confundiendo yihadista con musulmán.

Una última reflexión que llevo tiempo tratando de digerir y que me trae a mal traer. Si a los médicos, cuando cometemos un involuntario error aun sin resultado de muerte, nos funden, nos condenan, nos linchan, nos desprestigian y nos arruinan ¿qué habría que hacer con el  Ministro del Interior, con los Subsecretarios correspondientes, con la Jefatura de Policía, con el Puto Amo del CNI  ( inmerecidas mayúsculas para todos ellos ) y con tanto ineficaz chupatintas a los que en algo debería salpicar la ineficacia de su inacción? Pues con decir que es muy difícil atajar esta plaga, se van de rositas. ¡Hay que joderse!

En fin, que he de reconocer que estos yihadistas son unos maestros del terror. Bien es cierto que están sustentados por unos jugosos petrodólares y que ya me gustaría ver qué harían si estuvieran tiesos como la mojama pero, sea por lo que fuere, han conseguido sembrar un miedo irrefrenable.

Por dinero, por la miseria que les llevó -dicen- a esta situación, por marginalidad, por sectarismo puro y duro, por mesianismo o por la madre que los parió, pero lo han conseguido. Nos han acojonado. Por lo menos un ratito.

Lo malo es que, si seguimos sin hacer nada, nada con criterio, nada con rigor y con valentía,  pronto todos y cada uno de nosotros podremos tener nuestra particular Carmen en el siguiente atentado. Y quizá esta vez ya no salga viva.

JMS

La Gran Salamandra

 

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